Una vez conocí a alguien. Tenía nombre de mujer. De diosa griega.
Tenía nombre de bebida alcohólica y de puta. De estrella, de diva de las de antes. Tenía nombre que sonaba a música, que olía al humo del cigarro que te fumas después de un polvo. Su nombre sonaba en las paredes de todas las habitaciones que pisaba. Sabía a caramelo y whisky, a sudor, a una noche de hotel.
Era de esas mujeres con las que me gustaría acostarme. Con las que me tomaría un café en cualquier terraza. Con las que me quedaría hablando de arte, de hombres, o de sexo hasta las tantas. De esas a las que le dedicaría el poema más verdadero y el más romántico. De esas mujeres que hacen que me ponga tonta, o cachonda, o las dos a la vez. Era de esas mujeres fuertes. De las que se caen y vuelven a levantarse. De las que se emborracha tan rápido como se enamora, e incluso en ese estado de embriaguez, es capaz de hablar con coherencia y verdad.
Ella tenía nombre de mujer. Y cuerpo de mujer. Y voz de mujer.
Puede que por eso me enamorase. Pero no os penséis que me enamoré de la forma aburrida y convencional. Me enamoré de su persona, de como me miraba sin parecer que me estaba perdonando la vida, de como era. Real, única. Me enamoré de su mente, de su forma de pensar e imaginar.
Y imaginando me tuvo a mi muchas noches. Imaginándola, soñándola, abrazándola. Me desvelaba, me quitaba el sueño y también me lo provocaba.
Ella era el frío y el calor, el sol y la lluvia. No tenía termino medio. Era el agua que llenaba mi bañera y la sequía de mi desierto. Era mi ídolo adolescente, mi actriz. Era mi sueño y mi vigilia. Era todo y no era nadie. Era una zorra, en busca de un árbol para taparse del chaparrón. Y lo encontró. Encontró su árbol, su refugio, ese lugar donde se encerraba a escribir cuando llegaba la tormenta.
Ella era un libro abierto, que si lo tocaban las manos equivocadas se cerraba con candado. Pero si lo tocaba quien debía, le regalaba sus palabras, sus letras... Y yo fui una de ellas. Fui sus palabras, sus letras, alguno de sus guiones, su película y su obra. Pero eso es otra historia...
Ella era el nombre y los apellidos del premio nobel de las letras, era la portada de mi libro favorito y mi película.
Ella era mi mujer. Mi super mujer y a día de hoy, lo sigue siendo.
domingo, 16 de octubre de 2016
Podrán cortar las flores...
Ya no se regalan flores.
Puede ser que porque se haya acabado la primavera,
aquella que parecía eterna.
La que antes duraba 365 días, y que ahora,
dura lo que dura un polvo en un baño,
en cualquier bar de Madrid,
a cualquier hora de la noche,
con cualquiera.
Se detuvo, aquella primavera que Neruda decía que no podrían parar,
decidió frenar en seco.
Como ese coche que quiso llevarse por delante mil y un pétalos
pero que se arrepintió en el ultimo segundo.
Ya no hay flores, ni tampoco primavera.
Y no porque las hayan cortado,
simplemente se han cansado de esperar.
Ya no se sale a bailar.
Es probable, que nos cansáramos
de que nos estuviesen pisando cada dos por tres;
de tener dos pies izquierdos;
y tres manos derechas,
que se quemaban cada vez que tocaban una cintura
o encontraban otra mano que,
-como el zapato de Cenicienta-
se empeñaba en encajar a la fuerza.
Ya no salimos a bailar, por miedo a que nos pisen,
sin darnos cuenta,
de que bailando solos
nos hacemos más daño,
del que pueden hacernos al pisar.
Ya no se escriben cartas.
porque las palabras de plástico
han devorado a las de cristal.
El papel ha sido quemado y al bolígrafo se le ha acabado la tinta.
La mano se ha dormido,
y la inspiración se ha apagado,
al igual que la luz de la habitación donde escribíamos.
Ya no se va al cine.
Porque nos basta con las películas que nos montamos nosotros mismos
una mirada de más, o un beso de menos,
son suficientes para crear un thriller,
o una saga entera.
Las palomitas han dejado de explotar de alegría,
y la bebida la hemos sustituido
por whisky y vozka del malo.
Los bombones se han derretido,
y el telón se ha puesto sus mejores galas
para salir a escena y cerrar la obra.
Ya no se dan los primeros besos del año,
ya no se brinda, ni se abre champan para celebrar.
La copas se rompen por el desuso
y los corazones se congelan de frío.
Las botellas se mantienen cerradas durante veintiocho años
hasta que se tiran,
porque el alcohol y la felicidad se han esfumado.
Todo seguirá estando bien,
mientras los bares sigan abiertos,
mientras tengamos que beber,
y mientras los escritores lleguen a sus libros
oliendo a sexo y whisky
a bajas horas de la mañana,
mientras sus letras, les preguntan a quien más
les han estado escribiendo poemas de amor.
Porque podrán cortar las flores, y podrán detener la primavera.
Podrán quemar los libros, pero nunca parar una palabra certera.
Puede ser que porque se haya acabado la primavera,
aquella que parecía eterna.
La que antes duraba 365 días, y que ahora,
dura lo que dura un polvo en un baño,
en cualquier bar de Madrid,
a cualquier hora de la noche,
con cualquiera.
Se detuvo, aquella primavera que Neruda decía que no podrían parar,
decidió frenar en seco.
Como ese coche que quiso llevarse por delante mil y un pétalos
pero que se arrepintió en el ultimo segundo.
Ya no hay flores, ni tampoco primavera.
Y no porque las hayan cortado,
simplemente se han cansado de esperar.
Ya no se sale a bailar.
Es probable, que nos cansáramos
de que nos estuviesen pisando cada dos por tres;
de tener dos pies izquierdos;
y tres manos derechas,
que se quemaban cada vez que tocaban una cintura
o encontraban otra mano que,
-como el zapato de Cenicienta-
se empeñaba en encajar a la fuerza.
Ya no salimos a bailar, por miedo a que nos pisen,
sin darnos cuenta,
de que bailando solos
nos hacemos más daño,
del que pueden hacernos al pisar.
Ya no se escriben cartas.
porque las palabras de plástico
han devorado a las de cristal.
El papel ha sido quemado y al bolígrafo se le ha acabado la tinta.
La mano se ha dormido,
y la inspiración se ha apagado,
al igual que la luz de la habitación donde escribíamos.
Ya no se va al cine.
Porque nos basta con las películas que nos montamos nosotros mismos
una mirada de más, o un beso de menos,
son suficientes para crear un thriller,
o una saga entera.
Las palomitas han dejado de explotar de alegría,
y la bebida la hemos sustituido
por whisky y vozka del malo.
Los bombones se han derretido,
y el telón se ha puesto sus mejores galas
para salir a escena y cerrar la obra.
Ya no se dan los primeros besos del año,
ya no se brinda, ni se abre champan para celebrar.
La copas se rompen por el desuso
y los corazones se congelan de frío.
Las botellas se mantienen cerradas durante veintiocho años
hasta que se tiran,
porque el alcohol y la felicidad se han esfumado.
Todo seguirá estando bien,
mientras los bares sigan abiertos,
mientras tengamos que beber,
y mientras los escritores lleguen a sus libros
oliendo a sexo y whisky
a bajas horas de la mañana,
mientras sus letras, les preguntan a quien más
les han estado escribiendo poemas de amor.
Porque podrán cortar las flores, y podrán detener la primavera.
Podrán quemar los libros, pero nunca parar una palabra certera.
martes, 16 de agosto de 2016
mirARTE
Solo quería mirarla. Quería verla reírse de sí misma con esa manera tan peculiar que tenía de hacerlo. Quería verla llorar de alegría o ver la cara de susto que me ponía cuando el cielo, decidía imitar su interior desatando fuertes tormentas a las que hasta yo, en alguna ocasión, les tenía miedo.
Quería verla dormir y despertar cada mañana, verla hablar con el sueño y pelearse con el insomnio. Quería ver como se emocionaba con un atardecer, y como me decía "mira que maravilla" cuando yo a la única maravilla a la que podía prestar atención era a ella. Quería verla pedir un deseo a una estrella fugaz desde mi balcón, mientras yo me moría por pedírselo a la cara.
Solo quería verla, porque mirarla sabía cualquiera.
Quería verla dormir y despertar cada mañana, verla hablar con el sueño y pelearse con el insomnio. Quería ver como se emocionaba con un atardecer, y como me decía "mira que maravilla" cuando yo a la única maravilla a la que podía prestar atención era a ella. Quería verla pedir un deseo a una estrella fugaz desde mi balcón, mientras yo me moría por pedírselo a la cara.
Solo quería verla, porque mirarla sabía cualquiera.
jueves, 11 de agosto de 2016
00:00
Está tumbada a mi lado, leyendo algún libro triste, de esos que yo jamás conseguiré entender. Tiene la mirada encontrada entre tantas palabras, al contrario que ella.Y sus manos acarician cada letra con la misma fragilidad de un lazo bailando sobre el filo de unas tijeras. Es guapa, qué digo, es preciosa. Es ese tipo de mujer que me gusta;
para ir a bailar
para salir a pasear una noche de verano
para tomar un café
para follar
para charlar
para hacerle de todo
menos daño.
Es de esas que cortan la respiración con un complejo movimiento de pestañas, de las de "mírame pero ni se te ocurra tocarme", de esas a las que ni el aire que hacía que a mi me faltase fuese capaz de mover su melena rubia llorando sobre sus hombros, dejándose morir en medio de su espalda. Como a quien se le rompe un corazón en medio del desierto.
Suerte que a mí, no me queda ninguno.
para ir a bailar
para salir a pasear una noche de verano
para tomar un café
para follar
para charlar
para hacerle de todo
menos daño.
Es de esas que cortan la respiración con un complejo movimiento de pestañas, de las de "mírame pero ni se te ocurra tocarme", de esas a las que ni el aire que hacía que a mi me faltase fuese capaz de mover su melena rubia llorando sobre sus hombros, dejándose morir en medio de su espalda. Como a quien se le rompe un corazón en medio del desierto.
Suerte que a mí, no me queda ninguno.
jueves, 2 de junio de 2016
Encajar.
Atrapada en el invierno Ruso de una guerra más interna que mundial, encontré la última pieza del puzzle que nunca supo completar. Escondida entre las páginas de un viejo libro de historia yacía su silueta, sus curvas por las que todos los hombres,
imprudentes, insensatos, necios...
se mataban con la luz del sol.
Perdida entre las mil piezas que la rodeaban y se burlaban de ella por ser distinta, por no encajar, la encontré. Asustada, indefensa, vulnerable, humana.
La encontré, sin buscarla, sin querer encontrarla. Sin querer tocarla.
La encontré suplicando, confesándose humana, y quién se lo iba a decir a ella, después de haberse proclamado diosa griega, después de haber asesinado a cientos de hombres con el tornado que generaban sus pestañas.
Allí la encontré, cansada de llorar. Anclada en el invierno de una guerra que solo había comenzado. Una simple pieza, que su dueño nunca supo encajar.
Pequeñas piezas que la envidiaban, peligrosas curvas que poseías, gran imagen que reflejabas, ¿dónde te has ido? ¿Dónde está tu juventud, tu imagen, tu poderío? ¿Acaso se ha marchitado como la rosa que no vive más de un día? o ¿ha querido abandonarte como tu quisiste marcharte?
Querida pieza que nunca llegaste a encajar,
querido puzzle que nunca supieron completarte,
no te dejes perder en un invierno que nunca acabará.
miércoles, 11 de mayo de 2016
Estrella (no) fugaz
He vuelto a sentirte mientras dormía.
Es la décima noche que sueño contigo desde que te fuiste.
Y desde que no estás te siento aún más.
En cada foto que veo, en cada baldosa de la calle que piso,
en cada rincón de esta casa
sin vida (desde que te marchaste)
No hay día que no te sienta cerca, o que
no pase sin suplicarle a Dios que cuide de ti.
Son infinitas las veces que entro a tu cuarto y le suplico al cielo que te guarde,
que te haga sentir como si estuvieras aquí, en casa.
Innumerables son las veces que miro hacia arriba
buscándote en cada estrella (sin acordarme que estás en todas)
dando gracias
por haberme enseñado tan bien, por haberme cuidado tanto,
por haberme curado todas las heridas tanto externas como internas.
Recuerdo la motivación que me dabas, tus:
"muy bien mi niña, así se hace" o los "que guapa eres"
y no puedo evitar sentirme estúpida,
por nunca decirte cuanto te quería o por enfadarme contigo,
no puedo evitar pensar que tu cuerpo no me volverá a ver con un vestido
y no me verá subida en un altar como siempre decías.
No puedo evitarlo y te pido perdón por haber sido tan egoísta.
Sin embargo, me reconforta saber que aunque
el ruido falte en esta casa
tu alma siempre permanecerá en esta casa, en esta ciudad y en este mundo
junto a mi. Y que nunca será demasiado tarde
para pedirte perdón y decirte que te quiero con toda mi alma, y que siempre lo haré.
Con amor desde tierra firme, tu niña bonita.
Es la décima noche que sueño contigo desde que te fuiste.
Y desde que no estás te siento aún más.
En cada foto que veo, en cada baldosa de la calle que piso,
en cada rincón de esta casa
sin vida (desde que te marchaste)
No hay día que no te sienta cerca, o que
no pase sin suplicarle a Dios que cuide de ti.
Son infinitas las veces que entro a tu cuarto y le suplico al cielo que te guarde,
que te haga sentir como si estuvieras aquí, en casa.
Innumerables son las veces que miro hacia arriba
buscándote en cada estrella (sin acordarme que estás en todas)
dando gracias
por haberme enseñado tan bien, por haberme cuidado tanto,
por haberme curado todas las heridas tanto externas como internas.
Recuerdo la motivación que me dabas, tus:
"muy bien mi niña, así se hace" o los "que guapa eres"
y no puedo evitar sentirme estúpida,
por nunca decirte cuanto te quería o por enfadarme contigo,
no puedo evitar pensar que tu cuerpo no me volverá a ver con un vestido
y no me verá subida en un altar como siempre decías.
No puedo evitarlo y te pido perdón por haber sido tan egoísta.
Sin embargo, me reconforta saber que aunque
el ruido falte en esta casa
tu alma siempre permanecerá en esta casa, en esta ciudad y en este mundo
junto a mi. Y que nunca será demasiado tarde
para pedirte perdón y decirte que te quiero con toda mi alma, y que siempre lo haré.
Con amor desde tierra firme, tu niña bonita.
miércoles, 27 de abril de 2016
Enero
Hoy me han preguntado por la canción más bonita del mundo, y yo no he sabido que contestar. Me he quedado en blanco, sin palabras (y mira que eso es raro en mi), completamente descolocada. Y después de que contestara otra persona para sacarme del apuro, me he puesto a pensar en cual sería la canción más bonita del mundo. He buscado en todas las páginas de música online, me he escuchado todas las canciones habidas y por haber; las que me sabía las he cantado y las que no me las he aprendido. me he informado sobre la vida de cada uno e los cantantes, de por qué compusieron la canción correspondiente a cada uno de ellos. Y si, he encontrado canciones muy bonitas, canciones preciosas. Unas hablan de amor, otras de engaños, otras de venganza... como la vida misma. Ninguna de ellas tiene el mismo ritmo, todas son diferentes, y sin embargo, no me quedo con ninguna.
Me encuentro en mi habitación, escuchando una de tantas canciones que he escuchado a lo largo de mi vida. ¿Será esta la canción más bonita del mundo? No lo creo.
De repente me has llamado y he dudado si contestar, nunca sueles llamarme. Aún así lo he cogido, y cuando se te ha cortado la voz diciendo "te necesito" me he dado cuenta: la canción más bonita del mundo es esa que no necesita de música, que no tiene porque carecer de ritmo, que no ha de rimar. Tu voz, esa es la canción más bonita del mundo.
Después te has quedado callado, y he pensado en colgarte, pero me has preguntado algo que me ha vuelto a hacer pensar: "¿Cuál es el mejor lugar para quedarte a vivir?" Y he sido yo la que se ha quedado callada, pero seguro que tú no has pensado en colgarme, porque esperarías toda tu vida para una respuesta salida de mi boca. Sigo en silencio y pensando en lugares como Italia, China, Nueva York... cuando te contestas a tu propia pregunta: "En tus brazos" y antes de que pueda decir nada me preguntas algo nuevo: "¿Crees en el amor? ¿Y en las casualidades?" Y sigo callada, y pienso.
"No creo en las casualidades, tampoco en el amor. Pero me lo has hecho ver y tocar y solo se cree en las cosas que no son reales, y yo nunca he sentido algo tan real"
Entonces es en este punto de la noche cuando la canción cambia y se me quitan las ganas de querer colgarte el teléfono y de ahorcarme con el cable después, para tumbarme en la cama y descubrir lo realmente complejo que es el mudo que nos rodea y como una persona puede explicártelo de tal forma que lo hace más complejo aún, tanto que acabas entendiéndolo de cierta manera. Y es ahí, donde me doy cuenta de que la canción más bonita, el lugar más mágico, las cumbres más altas y el infierno más habitado están en una sola persona, esa donde te quedarías a vivir (y a morir) durante el resto de tus días.
Me encuentro en mi habitación, escuchando una de tantas canciones que he escuchado a lo largo de mi vida. ¿Será esta la canción más bonita del mundo? No lo creo.
De repente me has llamado y he dudado si contestar, nunca sueles llamarme. Aún así lo he cogido, y cuando se te ha cortado la voz diciendo "te necesito" me he dado cuenta: la canción más bonita del mundo es esa que no necesita de música, que no tiene porque carecer de ritmo, que no ha de rimar. Tu voz, esa es la canción más bonita del mundo.
Después te has quedado callado, y he pensado en colgarte, pero me has preguntado algo que me ha vuelto a hacer pensar: "¿Cuál es el mejor lugar para quedarte a vivir?" Y he sido yo la que se ha quedado callada, pero seguro que tú no has pensado en colgarme, porque esperarías toda tu vida para una respuesta salida de mi boca. Sigo en silencio y pensando en lugares como Italia, China, Nueva York... cuando te contestas a tu propia pregunta: "En tus brazos" y antes de que pueda decir nada me preguntas algo nuevo: "¿Crees en el amor? ¿Y en las casualidades?" Y sigo callada, y pienso.
"No creo en las casualidades, tampoco en el amor. Pero me lo has hecho ver y tocar y solo se cree en las cosas que no son reales, y yo nunca he sentido algo tan real"
Entonces es en este punto de la noche cuando la canción cambia y se me quitan las ganas de querer colgarte el teléfono y de ahorcarme con el cable después, para tumbarme en la cama y descubrir lo realmente complejo que es el mudo que nos rodea y como una persona puede explicártelo de tal forma que lo hace más complejo aún, tanto que acabas entendiéndolo de cierta manera. Y es ahí, donde me doy cuenta de que la canción más bonita, el lugar más mágico, las cumbres más altas y el infierno más habitado están en una sola persona, esa donde te quedarías a vivir (y a morir) durante el resto de tus días.
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