¿Qué tal estás?
Y lo preguntas en un tono disimulando que no te importa lo que te vaya a responder, que no te dolerá cuando te diga que estoy bien y que todo ha pasado. Que soy una mujer nueva y que no volveré a girarme nunca más.
¿Qué tal estás?
Pues bien cariño, bien. No puedo estar mejor desde que me cerraste la puerta del metro en la cara, la misma que me abriste el primer día de clase, la misma que me abriste el día que fuimos a cenar por primera vez a aquel restaurante italiano. La misma cara, que me partí por darla en aquella guerra que perdí, la misma que me giraste la última vez que no quise saber nada más de ti. La misma cara sin maquillaje por los suelos que no dejaste que llegase a casa ningún fin de semana a las seis de la mañana.
¿Qué vas a hacer esta noche?
Y me lo preguntas como si no lo supieras, como si tuvieras la esperanza de que contestaré que pasar la noche contigo. Pero no cariño, no volveré a pasar frío una noche más durmiendo contigo, y no me refiero a que te lleves siempre la manta.
¿Qué vas a hacer esta noche?
Pues rodar amor. Bailar hasta que me duela el alma y destrozarme la garganta haciendo cosas que mamá nunca quiso contarme porque era demasiado pequeña
ahora seguro que tampoco me las contará
aunque seguro que las sigue haciendo con papá.
Olvidarme los zapatos en un bar de mala muerte del que alguien tenga que sacarme porque ni yo misma tengo fuerzas para hacerlo.
Volverme a destrozar la garganta y la espalda y el culo jugando a cosas de esas que los adultos llaman de mayores.
Y ponerme hasta el culo de alcohol, limón y recuerdos.
Y tirarme encima del primero que me mire con malos ojos
encima de un mar de harina blanca
para ponernos de todo
menos melancólicos.
Volver a casa con la cara -Esa que me rompiste una vez-
más sucia del mundo
manchada de rímel, pintalabios y venganza.
Y a la vuelta
limpiar mi imagen desconfiando del primero que me abra la puerta
en el metro.
Sentarme en el vagón más vacío
y sentirme rodeada de gente,
ver pasar las golondrinas como Becker,
y esperar a que caiga la noche para escribir lo versos más tristes.
¿Y mientras tú? ¿Qué vas a hacer esta noche?
Pues rodar también, pero sin bailar, sin destrozarle la garganta a nadie haciendo cosas de mayores, de esas que tu madre te contaba cuando eras un crío
y que tu padre quiso enseñarte a hacer antes de tiempo.
Buscar mis zapatos en el peor bar de la ciudad, con la esperanza de que los zapatos sean lo menos importante que te encuentres allí, y tener que salir tú solo a rastras de aquel lugar porque nadie se atreva a hacerlo.
Y ponerte ciego de recuerdos y drogas.
Y lanzarte al vacío para suicidarte después,
debajo de una montaña de pastillas de colores.
Y a la vuelta, manchar tu foto de carné con la vergüenza de que el metro
te cierre la puerta por una vez, en la cara. Esperando que caiga la noche,
para volver a ver como tiritan los astros a lo lejos.
jueves, 25 de febrero de 2016
martes, 16 de febrero de 2016
Feliz cumpleaños al deseo más bonito que nadie le haya pedido nunca a una estrella fugaz
Feliz cumpleaños al novio más increíble que he podido tener. No me voy a alargar mucho con esto, pues creo que ya está todo más que dicho (aunque te lo repito mil veces mas si no te queda claro). No llevo estos 17 años contigo, lo se. Pero estaré aquí durante los próximos 17, y los siguientes y los siguientes de los siguientes y así hasta el fin de nuestros días. Y cuando esos días se acaben, ya sea en el cielo o el infierno, en Roma, Paris o Nueva York, seguiré estando ahí felicitándote. Hace un año justo, no pude felicitarte como era debido, puede que porque apenas te conocía, o porque me llamabas demasiado la atención, no se.
Pero bendito el día que decidí llamarte para subirme contigo en los coches de choque, bendito aquel otro en el que me rayé porque "tenia algo en la nariz", o aquel en el que nos metimos en el baño y te aburrí durante dos interminables horas contándote la historia de mi vida, bendito aquel abrazo después de toda aquella conversación y tu dedo sobre mi cara secándome las lagrimas. Bendito invierno, y bendita noche vieja. Pero sobre todo bendito 28 de enero y bendita paciencia la tuya para no dejarme caer. A veces pienso que eres demasiado para mí, pero luego me digo que yo también soy demasiado y que por eso formamos tan buen equipo. Gracias por formar parte de él.
Feliz 17 de febrero al hombre de mi vida (tengo muy claro que eres tú) y felices 17. Por lo que todos sabían y nosotros ni nos imaginábamos. Te adoro (las sorpresas no acaban aquí, solo acaban de empezar)
martes, 9 de febrero de 2016
Dilema de año nuevo
A veces tenemos que tomar decisiones difíciles,
¿corbata o pajarita?
Creo que es la decisión más difícil que tuviste que tomar alguna vez.
Tú, indeciso rompiéndote la cabeza por no saber que atarte al cuello,
hubiese sido muy fácil decirte que una soga, pero hasta con eso estarías radiante.
Recuerdo tus mensajes cada cinco minutos haciéndome la misma pregunta, y yo respondiendo lo mismo a cada siete. Al principio corbata, después pajarita y después un no se, que no quisiste ponerte pero que seguro que te hubiese quedado increíble.
A cada hora el dilema se hacía más intenso. Puede que no fuésemos tan distintos, yo preocupada por ser la más guapa de la fiesta. Tú, preocupado por no saber que anudarte en la garganta (aunque el nudo de tu corbata no fue el único que creaste aquella noche)
¿Corbata o pajarita?
Creo que fue la decisión más complicada que tomaste alguna vez pasadas las doce de la noche. Cinco minutos antes de salir de casa.
A veces tenemos que tomar decisiones difíciles,
y aquella noche tomamos la decisión más complicada pero
sin duda
la más acertada.
Y que bonito dilema
para empezar un nuevo año.
¿corbata o pajarita?
Creo que es la decisión más difícil que tuviste que tomar alguna vez.
Tú, indeciso rompiéndote la cabeza por no saber que atarte al cuello,
hubiese sido muy fácil decirte que una soga, pero hasta con eso estarías radiante.
Recuerdo tus mensajes cada cinco minutos haciéndome la misma pregunta, y yo respondiendo lo mismo a cada siete. Al principio corbata, después pajarita y después un no se, que no quisiste ponerte pero que seguro que te hubiese quedado increíble.
A cada hora el dilema se hacía más intenso. Puede que no fuésemos tan distintos, yo preocupada por ser la más guapa de la fiesta. Tú, preocupado por no saber que anudarte en la garganta (aunque el nudo de tu corbata no fue el único que creaste aquella noche)
¿Corbata o pajarita?
Creo que fue la decisión más complicada que tomaste alguna vez pasadas las doce de la noche. Cinco minutos antes de salir de casa.
A veces tenemos que tomar decisiones difíciles,
y aquella noche tomamos la decisión más complicada pero
sin duda
la más acertada.
Y que bonito dilema
para empezar un nuevo año.
sábado, 23 de enero de 2016
Carta de buenos días a lo mas bonito del universo
Para cuando leas esto todavía estaré dormida y tu ya te habrás levantado. Ojalá poder verte con tu cara somnolienta, tus ojos semiabiertos y tu pelo revuelto.
Creo que no puede haber nada mas bonito en el mundo que tú cuando te levantas.
Te imagino torpe mientras buscas las zapatillas para ir al baño, mientras te preparas un café o mientras te duchas. Te imagino yendo a por telefono y leyendo estos "buenos dias" si pueden llamarse asi. Me gusta imaginar que sonries y que piensas "está loca" y la verdad que si que lo estoy, por ti. Por la cara que me pones cuando me enfado sin motivo, por como me miras: ahí la vida se vuelve más bonita.
Para cuando leas esto todavía estaré dormida y tu ya te habrás levantado. Te habrás despejado y sabrás que es lo que estas leyendo. Entenderás entonces que te quiero mas que a mi vida, y que la vida me parece menos desastre contigo.
Para cuando leas esto yo estaré dormida y tu ya te habrás levantado, asi que buenos días a la cosa más bonita que ha pisado este universo. Te adoro, ya lo sabes (hoy mañana y siempre)
jueves, 21 de enero de 2016
La vez en la que un playboy me pidió que no le llorase...
Me pidió que no le llorase, lo que me obligó a quitarme de encima de él para no mojarle.
A girarme y a evitar ahogarme con mis propias lágrimas.
No se que hubiese preferido,
que el nudo de mi garganta me hubiese ahogado,
o no haber conocido a quien me lo ató.
Creo que me quedaré con la opción de ahorcarme con la soga
que ataba el ancla del barco que nunca llegó a chocar con un iceberg
pero que aún así no consiguió sobrevivir a la colisión de mi cuerpo sobre el suyo.
Después de años, volví a ver a aquel que me había suplicado que no le llorase,
que me había hecho quitarme de encima para que mis lágrimas no le rizaran el pelo,
que me había arreglado el corazón para romperlo de nuevo y coleccionar los cachos del cristal
que había dejado el huracán.
Me saludó como quien saluda a un compañero de clase con el que nunca tuviste demasiada
relación. Dos besos y un hola.
Lastima que nosotros fuimos más que compañeros de clase. Ojalá nunca lo hubiésemos sido.
"Te invito a un café", así de sencillo. Café el que había en sus ojos, que me quitaban el sueño
cuando le sorprendía mirándome y riéndose de mi por hablar en sueños.
Todavía hoy, en ocasiones, me lo sigue quitando. Al igual que la vergüenza y
la esperanza.
Acepté su café y su charla de casi tres horas, en la que comprobé que estaba igual
de roto que yo, o incluso un poquito más.
Entendí que no era la única que necesitaba arreglo, y esta vez fui yo la que le pedí
que no me llorase.
Su cara... Oh Dios su cara... para que os hagáis una idea,
podría haber salido a subasta y que nadie se la hubiese llevado.
No tuvo precio la forma en la que levantó la cabeza, donde sus ojos por primera vez
perdieron toda la cafeína que tenían, para convertirse en té.
Y quédate es lo que me hubiese gustado decirle, para que nunca más se volviera beber
el café solo.
Sin embargo me quedé callada, mirando como se alejaba y como
el nudo de mi garganta me volvía a apretar.
Ojalá me hubiese ahogado con mis lágrimas, ¿os lo imagináis?
"Adolescente rota muere tras ser asfixiada a manos de sus mejores amigas,
esas que siempre están en sus ojos"
Pero en cambio sigo aquí, porque en el fondo, soy una cobarde
que jamás se atrevió a dar ese paso;
Soy una pequeña zorra que se enamoró de un playboy. Y todos sabemos, que los
playboys no buscan zorras, solo conejitas que hagan lo que les pidan.
Puede que por eso me dejara correr en libertad, sin saber que yo
lo único que quería era que él corriera conmigo.
Ha pasado el tiempo, Y después de ese día en aquella cafetería, no volví
a saber nada más de él. Puede que mis lágrimas aunque nunca llegaron mojarle y a rizarle el pelo,
si que fueron capaces de ahogarle al final.
Por eso, nunca olvidaré la vez
en la que un playboy
me pidió que no le llorase.
A girarme y a evitar ahogarme con mis propias lágrimas.
No se que hubiese preferido,
que el nudo de mi garganta me hubiese ahogado,
o no haber conocido a quien me lo ató.
Creo que me quedaré con la opción de ahorcarme con la soga
que ataba el ancla del barco que nunca llegó a chocar con un iceberg
pero que aún así no consiguió sobrevivir a la colisión de mi cuerpo sobre el suyo.
Después de años, volví a ver a aquel que me había suplicado que no le llorase,
que me había hecho quitarme de encima para que mis lágrimas no le rizaran el pelo,
que me había arreglado el corazón para romperlo de nuevo y coleccionar los cachos del cristal
que había dejado el huracán.
Me saludó como quien saluda a un compañero de clase con el que nunca tuviste demasiada
relación. Dos besos y un hola.
Lastima que nosotros fuimos más que compañeros de clase. Ojalá nunca lo hubiésemos sido.
"Te invito a un café", así de sencillo. Café el que había en sus ojos, que me quitaban el sueño
cuando le sorprendía mirándome y riéndose de mi por hablar en sueños.
Todavía hoy, en ocasiones, me lo sigue quitando. Al igual que la vergüenza y
la esperanza.
Acepté su café y su charla de casi tres horas, en la que comprobé que estaba igual
de roto que yo, o incluso un poquito más.
Entendí que no era la única que necesitaba arreglo, y esta vez fui yo la que le pedí
que no me llorase.
Su cara... Oh Dios su cara... para que os hagáis una idea,
podría haber salido a subasta y que nadie se la hubiese llevado.
No tuvo precio la forma en la que levantó la cabeza, donde sus ojos por primera vez
perdieron toda la cafeína que tenían, para convertirse en té.
Y quédate es lo que me hubiese gustado decirle, para que nunca más se volviera beber
el café solo.
Sin embargo me quedé callada, mirando como se alejaba y como
el nudo de mi garganta me volvía a apretar.
Ojalá me hubiese ahogado con mis lágrimas, ¿os lo imagináis?
"Adolescente rota muere tras ser asfixiada a manos de sus mejores amigas,
esas que siempre están en sus ojos"
Pero en cambio sigo aquí, porque en el fondo, soy una cobarde
que jamás se atrevió a dar ese paso;
Soy una pequeña zorra que se enamoró de un playboy. Y todos sabemos, que los
playboys no buscan zorras, solo conejitas que hagan lo que les pidan.
Puede que por eso me dejara correr en libertad, sin saber que yo
lo único que quería era que él corriera conmigo.
Ha pasado el tiempo, Y después de ese día en aquella cafetería, no volví
a saber nada más de él. Puede que mis lágrimas aunque nunca llegaron mojarle y a rizarle el pelo,
si que fueron capaces de ahogarle al final.
Por eso, nunca olvidaré la vez
en la que un playboy
me pidió que no le llorase.
Mi vida no volverá a ser tu hospital.
No hay teoría que explique la razón de por qué,
solo me acuerdo de ti en los días de lluvia,
cuando el frío me cala,
posiblemente por un suspiro de esos que hacen
que cualquiera te regale su ropa interior.
No hay tesis, que me de una razón concreta de por qué,
cerraron la tienda de caramelos a la que Irene iba todos los días,
alomejor a causa de un movimiento de pestañas
ya sabes, de esos que originan huracanes.
- Por cierto, mueves las pestañas,
muy bonito -
No hay religión, que cuyo libro pueda convencerme
de que vas a volver.
Ya no te quiero.
No vuelvas por aquí.
A pasar por mi casa, en la que todavía siguen tus cosas;
las quemaré, para que de las cenizas
nazcan girasoles de color rosa.
Para que me crezcan flores en los dedos de los pies
o en el pelo.
A buscarme todas las tardes
a la hora en la que tres niños se pelean
por una pequeña hija de puta. Dónde,
al mismo tiempo en otra zona del mundo,
una madre celebra la perdida de su marido
el cual solo le ha dejado un canario de color gris.
A pasarte por mi cabeza, tres minutos antes
de que un niño en un hospital haga caída libre
y se duerma.
A mi.
No vuelvas.
No te odio.
Solo te admiro.
Y deberías temerme por ello.
No vuelvas por mi ciudad,
esa en la que nunca ha pasado nada.
Por la tienda de caramelos que cerraron
donde Irene quedaba con Laura
para hacer cosas de mayores.
Papá y mamá nunca me lo quisieron contar.
Tal vez puedas hacerlo tú, pero con la boca cerrada.
Más bonita tu garganta así,
callada
muda
ausente.
Como las ruinas que maquillan Grecia,
las secuelas que le dejaron a Cherbonyl después de que
su mujer le abandonara para irse con alguien más joven;
o como los fantasmas que habitan Detroit,
tu alma
o mi cabeza, buscando a alguien con quien hablar
de la crisis o del tiempo
que llevan encerrados.
Fantasmas que están más vivos que yo,
que las mariposas que resucité a disparos por no saber
comportarse cuando se acercaba alguien a prestarme un poco
de eso que la gente llama alegría.
Más vivos que mi mano, que no para de escribir poemas
que están contentos, como este, que no deja de reírse
de ti
y que no para de llorar
por mi.
Bienvenido a mi hospital, donde las paredes
son "amarillo chillón" y vaya si chillan,
no se callan, sobre todo por las noches.
Aquí las baldosas son la combinación
que da a un pista de baile de los 70´s.
Donde todas las frases acaban "mal":
El niño que hace caída libre la hace mal,
la tienda de caramelos que cerraron porque Irene
hacia cosas de mayores
(que mis padres nunca quisieron contarme)
con Laura, es mal.
Que Bella se comiera a Bestia,
le sentó mal.
Disfruta de tu estancia aquí,
porque podrás salir siempre.
Esta prohibido llorar
aunque muchas veces no podrás evitarlo.
Siéntete como en casa,
disfruta de tu estancia.
solo me acuerdo de ti en los días de lluvia,
cuando el frío me cala,
posiblemente por un suspiro de esos que hacen
que cualquiera te regale su ropa interior.
No hay tesis, que me de una razón concreta de por qué,
cerraron la tienda de caramelos a la que Irene iba todos los días,
alomejor a causa de un movimiento de pestañas
ya sabes, de esos que originan huracanes.
- Por cierto, mueves las pestañas,
muy bonito -
No hay religión, que cuyo libro pueda convencerme
de que vas a volver.
Ya no te quiero.
No vuelvas por aquí.
A pasar por mi casa, en la que todavía siguen tus cosas;
las quemaré, para que de las cenizas
nazcan girasoles de color rosa.
Para que me crezcan flores en los dedos de los pies
o en el pelo.
A buscarme todas las tardes
a la hora en la que tres niños se pelean
por una pequeña hija de puta. Dónde,
al mismo tiempo en otra zona del mundo,
una madre celebra la perdida de su marido
el cual solo le ha dejado un canario de color gris.
A pasarte por mi cabeza, tres minutos antes
de que un niño en un hospital haga caída libre
y se duerma.
A mi.
No vuelvas.
No te odio.
Solo te admiro.
Y deberías temerme por ello.
No vuelvas por mi ciudad,
esa en la que nunca ha pasado nada.
Por la tienda de caramelos que cerraron
donde Irene quedaba con Laura
para hacer cosas de mayores.
Papá y mamá nunca me lo quisieron contar.
Tal vez puedas hacerlo tú, pero con la boca cerrada.
Más bonita tu garganta así,
callada
muda
ausente.
Como las ruinas que maquillan Grecia,
las secuelas que le dejaron a Cherbonyl después de que
su mujer le abandonara para irse con alguien más joven;
o como los fantasmas que habitan Detroit,
tu alma
o mi cabeza, buscando a alguien con quien hablar
de la crisis o del tiempo
que llevan encerrados.
Fantasmas que están más vivos que yo,
que las mariposas que resucité a disparos por no saber
comportarse cuando se acercaba alguien a prestarme un poco
de eso que la gente llama alegría.
Más vivos que mi mano, que no para de escribir poemas
que están contentos, como este, que no deja de reírse
de ti
y que no para de llorar
por mi.
Bienvenido a mi hospital, donde las paredes
son "amarillo chillón" y vaya si chillan,
no se callan, sobre todo por las noches.
Aquí las baldosas son la combinación
que da a un pista de baile de los 70´s.
Donde todas las frases acaban "mal":
El niño que hace caída libre la hace mal,
la tienda de caramelos que cerraron porque Irene
hacia cosas de mayores
(que mis padres nunca quisieron contarme)
con Laura, es mal.
Que Bella se comiera a Bestia,
le sentó mal.
Disfruta de tu estancia aquí,
porque podrás salir siempre.
Esta prohibido llorar
aunque muchas veces no podrás evitarlo.
Siéntete como en casa,
disfruta de tu estancia.
jueves, 14 de enero de 2016
Jamás serás Poesía
Por mucho que te empeñes en bañarme de versos.
Jamás serás Poesía.
Por muchas veces que vengas a buscarme a casa,
nunca me traerás de vuelta,
ni te invitaré a subir.
Porque nunca serás Poesía.
Jamás escribirás versos sobre mi cuerpo.
Porque no eres Poesía.
Ella era mi mejor amiga, aunque
en realidad tenga forma masculina
y su nombre termine en o.
Pero yo prefiero llamarla Poesía, porque así,
lo hace, si es posible, más bonito aún.
Y tú...
tú jamás serás como ella,
como él,
como lo quieras llamar.
Por mucho que quieras no podrás emocionarme,
ni hacerme llorar,
ni temblar,
ni llegarás a ponerme los pelos de punta,
como lo hacía Poesía.
Porque ella era mi mejor amiga,
y por mucho que te empeñes en ser como Poesía.
Jamás serás como ella.
Porque no toda la poesía tiene por qué rimar
ni todos los escritores
son capaces de hacer vibrar.
Porque por mucho que quieras
bañarme en versos,
nunca serás Poesía.
Y tampoco, volverás a ser tú.
Jamás serás Poesía.
Por muchas veces que vengas a buscarme a casa,
nunca me traerás de vuelta,
ni te invitaré a subir.
Porque nunca serás Poesía.
Jamás escribirás versos sobre mi cuerpo.
Porque no eres Poesía.
Ella era mi mejor amiga, aunque
en realidad tenga forma masculina
y su nombre termine en o.
Pero yo prefiero llamarla Poesía, porque así,
lo hace, si es posible, más bonito aún.
Y tú...
tú jamás serás como ella,
como él,
como lo quieras llamar.
Por mucho que quieras no podrás emocionarme,
ni hacerme llorar,
ni temblar,
ni llegarás a ponerme los pelos de punta,
como lo hacía Poesía.
Porque ella era mi mejor amiga,
y por mucho que te empeñes en ser como Poesía.
Jamás serás como ella.
Porque no toda la poesía tiene por qué rimar
ni todos los escritores
son capaces de hacer vibrar.
Porque por mucho que quieras
bañarme en versos,
nunca serás Poesía.
Y tampoco, volverás a ser tú.
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