Ella... Ella era igual que él, valiente, ingenua, buena... De las que daba sin recibir nada a cambio, de las que hacia las cosas porque le gustaban. Pero tambien era miedosa. Lo que más temía era desenamorarse y olvidar al que ella creía que era el amor de su vida. Ellos se gustaban, pero jamás lo sabrían, porque por miedo a fracasar, los dos nunca se dijeron lo que sentían. Y es que nadie dijo que enamorarse fuera fácil, pero a su lado él, lo veía todo más sencillo y a ella todo se le hacía mejor y más bonito, pero el miedo los consumió, haciendo que cada uno viviera de forma paralela al otro. Viendo como sus vidas constaban de menos sentido cada día, y es que a veces vale más arriesgarse y ganar, que no hacerlo y perder. Por eso hoy, me gustaría dar un aplauso a todas esas personas que se quieren y no están juntos, porque hay que ser muy fuerte para soportar semejante dolor.
miércoles, 8 de julio de 2015
Aplauso
Él era de los que no tenian miedo a enamorarse, de los que no les importaba dar las buenas noches, de los que cuando se despedian esperaba a que ella se despidiera tambien, aunque le llevara toda la noche la espera. Era de los que miraba sus fotos una y otra vez y nunca se cansaba de mirar esa sonrisa que lo volvía loco, de los que pensaban que enamorarse era fácil. De los que lo daban todo bailando los sabados por la noche, y de los que se dejaban la garganta cantando.
lunes, 29 de junio de 2015
De ilusiones vive...
Está bailando a unos metros de mi, se rie y canta. Ojalá lo hiciera conmigo... Su piel blanca, de un blanco casi enfermizo, desentona sobre la energia que desprende con sus movimientos. Nota que la miro, y se acerca. No quiero que se acerque, porque entonces me tendrá a su merced. Pero no puede oir mis pensamientos, aunque hay veces que los lee de maravilla, lastima que esta no sea una de esas. Me tiende su mano, y yo mientras tanto como un bobo me quedo sentado en un banco. Acabo aceptando su mano, se la tomo. Ella sonríe, sabe que ha ganado. Bailamos, y nos reimos. Mis pies son torpes y se traban, aunque ella no tarda en darse cuenta y tomar el control de la situación. Me lleva, sabe como hacerlo. Es acogedor y raro a la vez, siempre he sido yo el que ha llevado todas las situaciones, el que nunca ha dejado que lo manejen, y sin embargo aqui estoy dejandome llevar por lo que es probable que sea mas una ilusión a una realidad.
lunes, 15 de junio de 2015
Alone
Quisimos ser pájaros
que surcaran los cielos.
Quisimos ser barcos de papel
que navegaran
por mil mares.
Quisimos perdernos y al final...
acabamos perdidos.
Soñábamos...
con besos al anochecer
con rosas blancas
con campos de risas.
Se no quedó en el aire.
Anochecíamos con lluvia
despertábamos con truenos.
Las rosas se marchitaron
y al igual que el alma
optaron por tornarse negras.
Todo fue un sueño
del que me gustaría no haber despertado
nunca.
Todo se esfumó
como el humo de ese tren
aquel que perdimos.
Y ahora no quedan ni siquiera recuerdos
solo queda cariño de cristal quebrado
(como el corazón)
a punto de romperse.
que surcaran los cielos.
Quisimos ser barcos de papel
que navegaran
por mil mares.
Quisimos perdernos y al final...
acabamos perdidos.
Soñábamos...
con besos al anochecer
con rosas blancas
con campos de risas.
Se no quedó en el aire.
Anochecíamos con lluvia
despertábamos con truenos.
Las rosas se marchitaron
y al igual que el alma
optaron por tornarse negras.
Todo fue un sueño
del que me gustaría no haber despertado
nunca.
Todo se esfumó
como el humo de ese tren
aquel que perdimos.
Y ahora no quedan ni siquiera recuerdos
solo queda cariño de cristal quebrado
(como el corazón)
a punto de romperse.
miércoles, 27 de mayo de 2015
"Crear" el amor
No tenía tacto para aquello. "Quédate" le dije, pero me temo que el tono de mis palabras era frío, más propio de una despedida que de un grito de auxilio. Me aclaré la voz "Quédate, por favor". Y aquella vez sonó distinto y le brillaron los ojos durante un segundo, lo recuerdo. Lo recuerdo muy bien. Cerré fuertemente las manos. Y quería saber que pasaría a continuación, pero no me atrevía a preguntárselo. Me quedé lo más quieto que pude, mirándola, en aquel silencio en el que solo se escuchaban nuestros apresurados latidos y nuestras respiraciones. Pasaron minutos y años en aquel momento. Y se nos acabó el orgullo porque ya era demasiado tarde, y cuando es demasiado tarde ya no puedes perder nada, pero puedes ganarlo todo, y eso es lo bonito. Empezó a acercarse poco a poco, apenas sin moverse, yo abrí mucho los ojos. "Qué haces hija de puta. Qué haces", pensaba. Qué haces provocando, a altas hora de la madrugada, huracanes en mi habitación. Qué haces desgarrándome la indiferencia y la distancia de emergencia. Qué haces desabrochándote el pantalón. Y cuando iba a reprochar su juego sucio, su dedo índice me detuvo, ahí, apoyándose en mis labios, callándome, haciéndome desistir por completo. Había perdido y ella lo sabía, quizá por eso medio sonreía cuando le dije: "Márchate. Márchate, por favor". Pero me delataban los ojos, todo sonaba a mentira. En aquel momento, demasiado tarde para cualquier cosa, solo quería que se quedase a mi lado, para siempre, o al menos con esa misma pasión, como si realmente fuésemos a salvarnos mutuamente. Y nada más, aquella noche comprobé que hacer el amor, cansa muchísimo más que follar.
martes, 26 de mayo de 2015
Letras de una tarde de mayo
Se sabía todas las canciones habidas y por haber. Y las que no conocía se las aprendía. Vaya forma de bailar que tenía, no se si lo hacía mal o bien, pero no había quien la parase. Sus pies se movían de una manera que no puedo describir; sobrehumana se podría llamar. Y su cuerpo se balanceaba al compás de la música en perfecta sintonía. Era maravilloso. Toda ella era maravillosa.
También estaba loca, pero era una locura sana. Y por supuesto, también me volvía loco a mi. Me enloquecía su risa de niña pequeña, sus caricias que me decían que todo saldría bien en los momentos difíciles y la forma en la que me miraba cada vez que se me entregaba. Me enloquecía su cuerpo encima de mi en las noches de tempestades, y su manera de hacerme sentir pequeño y torpe.
Ella era la viva imagen de la felicidad. Siempre riendose, aunque no estuviera junto a ella. Sin duda era impresionante. Incluso cuando nos separamos se siguió riendo, aunque se que por las noches, tras desabrochar la cremallera de su falda y apaciguar los huracanes que formaba con el vuelo de esta, dejaba que sus lágrimas bañaran el colchón desgastado y besaran la almohada mientras la luna, callada y expectante, la consolaba con su luz.
Aunque tal vez, fuera yo a quien la luna consolaba con su blanca luz, mientras bañaba el colchón acostumbrado ya a mis lágrimas de amor, esperando con ansia volver a apaciguar los huracanes que ella formaba con el vuelo de su falda, desabrochándosela y besandola, como en aquellas noches en las que solo yo tuve el placer de tenerla. Quien sabe... Igual era yo al que la gente animaba. Incluso ella me animaba. Y puede que fuera yo quien la buscaba cada vez que salía de casa, y no solo la buscaba con los ojos. También lo hacía con el corazón.
Lástima que su corazón jamás volviera a encontrarme. El mio si que lo hizo. Ahora solo me quedan sus canciones, aunque ya no me contento con haberla tenido.
También estaba loca, pero era una locura sana. Y por supuesto, también me volvía loco a mi. Me enloquecía su risa de niña pequeña, sus caricias que me decían que todo saldría bien en los momentos difíciles y la forma en la que me miraba cada vez que se me entregaba. Me enloquecía su cuerpo encima de mi en las noches de tempestades, y su manera de hacerme sentir pequeño y torpe.
Ella era la viva imagen de la felicidad. Siempre riendose, aunque no estuviera junto a ella. Sin duda era impresionante. Incluso cuando nos separamos se siguió riendo, aunque se que por las noches, tras desabrochar la cremallera de su falda y apaciguar los huracanes que formaba con el vuelo de esta, dejaba que sus lágrimas bañaran el colchón desgastado y besaran la almohada mientras la luna, callada y expectante, la consolaba con su luz.
Aunque tal vez, fuera yo a quien la luna consolaba con su blanca luz, mientras bañaba el colchón acostumbrado ya a mis lágrimas de amor, esperando con ansia volver a apaciguar los huracanes que ella formaba con el vuelo de su falda, desabrochándosela y besandola, como en aquellas noches en las que solo yo tuve el placer de tenerla. Quien sabe... Igual era yo al que la gente animaba. Incluso ella me animaba. Y puede que fuera yo quien la buscaba cada vez que salía de casa, y no solo la buscaba con los ojos. También lo hacía con el corazón.
Lástima que su corazón jamás volviera a encontrarme. El mio si que lo hizo. Ahora solo me quedan sus canciones, aunque ya no me contento con haberla tenido.
La quise...
A pesar de todo y a pesar de nada yo la quise. Y quiero pensar que ella también lo hizo. A veces lo hizo.
jueves, 21 de mayo de 2015
Soledad.
"Yo no necesitaba más peligros que la caída de sus ojos, de su ropa, de su boca, para saberme tentada. Le propuse escondernos detrás de las letras, en el fondo de las canciones y en los finales de todas las historias de amores errabundos. Inventarnos un mundo nuevo donde podamos borrarnos cada noche y escribirnos al amanecer. Coincidiendo para desnudarnos, poco a poco, despacito, yo escribiendo y él leyendo. Él necesitaba un miedo como yo, que le estremeciera el vientre. Lo pedía a gritos en la mirada, en las manos y hasta en sus silencios. Necesitaba mis manos para que lo escribieran y también para desnudarlo, no sólo del cuerpo, sino de las partes de su alma que desconocía. Necesitaba mis ojos para que lo suplieran y mi corazón como guía para encontrar el suyo, perdido en su propia oscuridad de amor."
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