jueves, 2 de junio de 2016

Encajar.

Atrapada en el invierno Ruso de una guerra más interna que mundial, encontré la última pieza del puzzle que nunca supo completar. Escondida entre las páginas de un viejo libro de historia yacía su silueta, sus curvas por las que todos los hombres,
imprudentes, insensatos, necios...
se mataban con la luz del sol. 
Perdida entre las mil piezas que la rodeaban y se burlaban de ella por ser distinta, por no encajar, la encontré. Asustada, indefensa, vulnerable, humana. 

La encontré, sin buscarla, sin querer encontrarla. Sin querer tocarla. 
La encontré suplicando, confesándose humana, y quién se lo iba a decir a ella, después de haberse proclamado diosa griega, después de haber asesinado a cientos de hombres con el tornado que generaban sus pestañas. 
Allí la encontré, cansada de llorar. Anclada en el invierno de una guerra que solo había comenzado. Una simple pieza, que su dueño nunca supo encajar. 

Pequeñas piezas que la envidiaban, peligrosas curvas que poseías, gran imagen que reflejabas, ¿dónde te has ido? ¿Dónde está tu juventud, tu imagen, tu poderío? ¿Acaso se ha marchitado como la rosa que no vive más de un día? o ¿ha querido abandonarte como tu quisiste marcharte?

Querida pieza que nunca llegaste a encajar, 
querido puzzle que nunca supieron completarte,
no te dejes perder en un invierno que nunca acabará. 

miércoles, 11 de mayo de 2016

Estrella (no) fugaz

He vuelto a sentirte mientras dormía.
Es la décima noche que sueño contigo desde que te fuiste.
Y desde que no estás te siento aún más.
En cada foto que veo, en cada baldosa de la calle que piso,
en cada rincón de esta casa
sin vida (desde que te marchaste)
No hay día que no te sienta cerca, o que
no pase sin suplicarle a Dios que cuide de ti.
Son infinitas las veces que entro a tu cuarto y le suplico al cielo que te guarde,
que te haga sentir como si estuvieras aquí, en casa.
Innumerables son las veces que miro hacia arriba
buscándote en cada estrella (sin acordarme que estás en todas)
dando gracias
por haberme enseñado tan bien, por haberme cuidado tanto,
por haberme curado todas las heridas tanto externas como internas.
Recuerdo la motivación que me dabas, tus:
"muy bien mi niña, así se hace" o los "que guapa eres"
y no puedo evitar sentirme estúpida,
por nunca decirte cuanto te quería o por enfadarme contigo,
no puedo evitar pensar que tu cuerpo no me volverá a ver con un vestido
y no me verá subida en un altar como siempre decías.
No puedo evitarlo y te pido perdón por haber sido tan egoísta.
Sin embargo, me reconforta saber que aunque
el ruido falte en esta casa
tu alma siempre permanecerá en esta casa, en esta ciudad y en este mundo
junto a mi. Y que nunca será demasiado tarde
para pedirte perdón y decirte que te quiero con toda mi alma, y que siempre lo haré.
Con amor desde tierra firme, tu niña bonita.

miércoles, 27 de abril de 2016

Enero

Hoy me han preguntado por la canción más bonita del mundo, y yo no he sabido que contestar. Me he quedado en blanco, sin palabras (y mira que eso es raro en mi), completamente descolocada. Y después de que contestara otra persona para sacarme del apuro, me he puesto a pensar en cual sería la canción más bonita del mundo. He buscado en todas las páginas de música online, me he escuchado todas las canciones habidas y por haber; las que me sabía las he cantado y las que no me las he aprendido. me he informado sobre la vida de cada uno e los cantantes, de por qué compusieron la canción correspondiente a cada uno de ellos. Y si, he encontrado canciones muy bonitas, canciones preciosas. Unas hablan de amor, otras de engaños, otras de venganza... como la vida misma. Ninguna de ellas tiene el mismo ritmo, todas son diferentes, y sin embargo, no me quedo con ninguna.

Me encuentro en mi habitación, escuchando una de tantas canciones que he escuchado a lo largo de mi vida. ¿Será esta la canción más bonita del mundo? No lo creo.
De repente me has llamado y he dudado si contestar, nunca sueles llamarme. Aún así lo he cogido, y cuando se te ha cortado la voz diciendo "te necesito" me he dado cuenta: la canción más bonita del mundo es esa que no necesita de música, que no tiene porque carecer de ritmo, que no ha de rimar. Tu voz, esa es la canción más bonita del mundo.
Después te has quedado callado, y he pensado en colgarte, pero me has preguntado algo que me ha vuelto a hacer pensar: "¿Cuál es el mejor lugar para quedarte a vivir?" Y he sido yo la que se ha quedado callada, pero seguro que tú no has pensado en colgarme, porque esperarías toda tu vida para una respuesta salida de mi boca. Sigo en silencio y pensando en lugares como Italia, China, Nueva York... cuando te contestas a tu propia pregunta: "En tus brazos" y antes de que pueda decir nada me preguntas algo nuevo: "¿Crees en el amor? ¿Y en las casualidades?" Y sigo callada, y pienso.
"No creo en las casualidades, tampoco en el amor. Pero me lo has hecho ver y tocar y solo se cree en las cosas que no son reales, y yo nunca he sentido algo tan real"

Entonces es en este punto de la noche cuando la canción cambia y se me quitan las ganas de querer colgarte el teléfono y de ahorcarme con el cable después, para tumbarme en la cama y descubrir lo realmente complejo que es el mudo que nos rodea y como una persona puede explicártelo de tal forma que lo hace más complejo aún, tanto que acabas entendiéndolo de cierta manera. Y es ahí, donde me doy cuenta de que la canción más bonita, el lugar más mágico, las cumbres más altas y el infierno más habitado están en una sola persona, esa donde te quedarías a vivir (y a morir) durante el resto de tus días.

lunes, 4 de abril de 2016

Al otro lado.

Allí donde las estrellas brillan más de lo habitual.
En un lugar donde puedes pintar las flores
y elegir donde quieres que crezcan;
si en tu pelo, en tus manos o tu ombligo.
Más allá de tu espalda, donde los lunares
dibujados con precisión sobre esta
se alinean.
Recuerdala.
Recuerda su sonrisa, sus ojos y sus manos,
y todo lo que hay más allá,
su risa de niña los domingos por la tarde
su manera de mirar la Luna las noches que no pasa contigo
su forma de acariciarte y como a pesar de abrazarte con toda la fuerza que puede
es capaz de hacerte temblar.
Recuerda como baila cuando suena una canción que se sabe
- no te olvides que se las sabe todas -
y como lo da todo cuando se trata de hacer regalos.
Nunca olvides que no le hará falta un día especial para darte algo,
aunque solo sea un poco de su amor,
a pesar de que te parezca una cantidad enorme.
Recuerdala viva, grande, niña;
como todas esas veces en las que se para a tocar el agua de un río,
o esas en las que se para en medio de un prado a coger flores bonitas
(no tanto como ella) para enseñarte a hacer coronas.
Recuerda como se llama princesa a si misma
y recuérdate a ti:
tu manera de mirarla, y de pensar en lo equivocada que está
en que princesa se queda corto, porque para ti es una reina.
Recuérdate las noches de jueves,
ansioso de viernes para verla un rato más
y retenerla un poco menos.
Para dejarla libre y correr con ella,
porque así debes recordarla. Libre.
Recuerda cada uno de sus besos
y la manera tan graciosa que tiene de correr.
El como se hace la enfadada cuando la llamas fea
y como te ríes al decirlo
- porque sabes que te equivocas -
Recuerdala admirándote,
intentando ser como tú.
Metiéndose en medio de un bosque, queriendo demostrarte Dios sabe qué;
manchándose los zapatos
y limpiando su alma.
Recuérdate idolatrándola
como a una diosa olímpica. Y la verdad que
olimpiadas es como debería calificarse su forma de ir de compras.
Recuerda lo mucho que has aprendido con ella
y todo lo que ella ha aprendido de ti.
Recuérdate siendo ella,
recuerdala siendo tú.

jueves, 25 de febrero de 2016

Nunca te fíes de alguien que te abre la puerta del metro

¿Qué tal estás?
Y lo preguntas en un tono disimulando que no te importa lo que te vaya a responder, que no te dolerá cuando te diga que estoy bien y que todo ha pasado. Que soy una mujer nueva y que no volveré a girarme nunca más.

¿Qué tal estás?
Pues bien cariño, bien. No puedo estar mejor desde que me cerraste la puerta del metro en la cara, la misma que me abriste el primer día de clase, la misma que me abriste el día que fuimos a cenar por primera vez a aquel restaurante italiano. La misma cara, que me partí por darla en aquella guerra que perdí, la misma que me giraste la última vez que no quise saber nada más de ti. La misma cara sin maquillaje por los suelos que no dejaste que llegase a casa ningún fin de semana a las seis de la mañana.

¿Qué vas a hacer esta noche?
Y me lo preguntas como si no lo supieras, como si tuvieras la esperanza de que contestaré que pasar la noche contigo. Pero no cariño, no volveré a pasar frío una noche más durmiendo contigo, y no me refiero a que te lleves siempre la manta.

¿Qué vas a hacer esta noche?
Pues rodar amor. Bailar hasta que me duela el alma y destrozarme la garganta haciendo cosas que mamá nunca quiso contarme porque era demasiado pequeña
ahora seguro que tampoco me las contará
aunque seguro que las sigue haciendo con papá.
Olvidarme los zapatos en un bar de mala muerte del que alguien tenga que sacarme porque ni yo misma tengo fuerzas para hacerlo.
Volverme a destrozar la garganta y la espalda y el culo jugando a cosas de esas que los adultos llaman de mayores.
Y ponerme hasta el culo de alcohol, limón y recuerdos.
Y tirarme encima del primero que me mire con malos ojos
encima de un mar de harina blanca
para ponernos de todo
menos melancólicos.
Volver a casa con la cara  -Esa que me rompiste una vez-
más sucia del mundo
manchada de rímel, pintalabios y venganza.
Y a la vuelta
limpiar mi imagen desconfiando del primero que me abra la puerta
en el metro.
Sentarme en el vagón más vacío
y sentirme rodeada de gente,
ver pasar las golondrinas como Becker,
y esperar a que caiga la noche para escribir lo versos más tristes.

¿Y mientras tú? ¿Qué vas a hacer esta noche?
Pues rodar también, pero sin bailar, sin destrozarle la garganta a nadie haciendo cosas de mayores, de esas que tu madre te contaba cuando eras un crío
y que tu padre quiso enseñarte a hacer antes de tiempo.
Buscar mis zapatos en el peor bar de la ciudad, con la esperanza de que los zapatos sean lo menos importante que te encuentres allí, y tener que salir tú solo a rastras de aquel lugar porque nadie se atreva a hacerlo.
Y ponerte ciego de recuerdos y drogas.
Y lanzarte al vacío para suicidarte después,
debajo de una montaña de pastillas de colores.
Y a la vuelta, manchar tu foto de carné con la vergüenza de que el metro
te cierre la puerta por una vez, en la cara. Esperando que caiga la noche,
para volver a ver como tiritan los astros a lo lejos.  



martes, 16 de febrero de 2016

Feliz cumpleaños al deseo más bonito que nadie le haya pedido nunca a una estrella fugaz

Feliz cumpleaños al novio más increíble que he podido tener. No me voy a alargar mucho con esto, pues creo que ya está todo más que dicho (aunque te lo repito mil veces mas si no te queda claro). No llevo estos 17 años contigo, lo se. Pero estaré aquí durante los próximos 17, y los siguientes y los siguientes de los siguientes y así hasta el fin de nuestros días. Y cuando esos días se acaben, ya sea en el cielo o el infierno, en Roma, Paris o Nueva York, seguiré estando ahí felicitándote. Hace un año justo, no pude felicitarte como era debido, puede que porque apenas te conocía, o porque me llamabas demasiado la atención, no se. 
Pero bendito el día que decidí llamarte para subirme contigo en los coches de choque, bendito aquel otro en el que me rayé porque "tenia algo en la nariz", o aquel en el que nos metimos en el baño y te aburrí durante dos interminables horas contándote la historia de mi vida, bendito aquel abrazo después de toda aquella conversación y tu dedo sobre mi cara secándome las lagrimas. Bendito invierno, y bendita noche vieja. Pero sobre todo bendito 28 de enero y bendita paciencia la tuya para no dejarme caer. A veces pienso que eres demasiado para mí, pero luego me digo que yo también soy demasiado y que por eso formamos tan buen equipo. Gracias por formar parte de él. 
Feliz 17 de febrero al hombre de mi vida (tengo muy claro que eres tú) y felices 17. Por lo que todos sabían y nosotros ni nos imaginábamos. Te adoro (las sorpresas no acaban aquí, solo acaban de empezar)